Primero: si se reconoce quién es
En los primeros treinta segundos de un demo no escuchamos si está bien grabado. Escuchamos si podríamos reconocerlo entre otros veinte de la misma semana. Esa identidad puede estar en la voz, en un sonido de guitarra, en la manera de escribir o en una percusión que nadie más está usando.
Los demos técnicamente correctos y completamente anónimos son la mayoría de los que llegan. Suenan bien y no dejan nada. Un demo con un problema de mezcla y una voz que se recuerda pasa antes que uno perfecto y neutro, porque la mezcla se arregla y la identidad no se fabrica.
Segundo: si la canción aguanta desnuda
La prueba que hacemos con casi todos los demos es imaginarlos sin producción: voz y guitarra, o voz y piano. Si el tema sigue funcionando así, funciona con cualquier arreglo encima. Si desaparece, lo que había era una producción y no una canción.
Esto vale también para la música instrumental y de club. Un tema de electrónica se prueba distinto pero con la misma idea: si le sacás los efectos y queda una estructura interesante, hay tema. Si lo único que había era el sonido, el tema envejece en seis meses.
Por eso pedimos, cuando existe, una toma desnuda o una maqueta cruda junto con la versión producida. Es el material que más veces destrabó una firma.
Tercero: si esto puede durar tres discos
Un sello firma un plan, no un tema. La pregunta que se hace el equipo es si el artista tiene material y mundo suficiente para tres discos, o si lo que hay es una idea muy buena que se agota en cuatro canciones.
Se nota en si los temas del demo hablan de algo, si hay un punto de vista, si el artista escribe seguido. También se nota al revés: cuando los tres temas del demo parecen de tres artistas distintos, lo que falta todavía es decidir quién sos.
Cuarto: si hay gente que vuelve
Miramos números, pero no los que se suelen mostrar. No nos interesa cuánta gente escuchó un tema una vez: nos interesa cuánta escucha lo siguiente que sacás. La repetición es lo único difícil de inflar y lo único que predice algo.
Un artista con mil oyentes que vuelven cada lanzamiento está en mejor posición que uno con cien mil reproducciones de un tema suelto. El primero tiene una base sobre la que construir; el segundo tuvo un golpe de suerte que puede no repetirse.
Si no tenés público todavía, no es un impedimento. La mitad del catálogo firmó sin números. Lo que cambia es que entonces todo el peso recae sobre la música.
Quinto: si el proyecto está en condiciones de grabar
Esto no decide el sí, decide el cuándo. Un artista que está listo para entrar al estudio en dos meses se firma antes que uno igual de bueno que primero necesita armar una banda o terminar de escribir.
Con las bandas se suma el estado del grupo. Si la banda todavía no toca ajustada, se nota en el disco, así que lo habitual es firmar y darles tres meses de ensayo pago antes de grabar.
Lo que no miramos
No miramos cuántos seguidores tenés, si estudiaste música, si ya tocaste en festivales grandes ni si alguien conocido te recomendó. Tampoco miramos el género: cada línea del catálogo existe para acomodar una manera de trabajar distinta.
Por el equipo de Zquizo Records